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Como le ocurre a muchos españoles universitarios gran parte de mi neófita andadura laboral ha sido a través de becas. ¡Oh, beca! ¡Qué gran y maravilloso concepto! Quiero decir algunos puntos sobre las becas y prácticas. Becas siempre entendidas como de trabajo, no de ayuda económica.

A modo de preámbulo, valoremos las prácticas de las carreras. En algunos sitios lo llaman practicum, que suena mejor, ¿no? Me parecen necesarias pedagógicamente hablando, y pueden ser una buena oportunidad de salirse de apuntes, PowerPoints y trabajos de clase. Lo ideal sería que te pagaran algo, menos de lo que se le retribuiría a un trabajador de pleno derecho y conocimientos, pero algo. Bueno, no siempre puede ser así, y podemos argüir que la retribución que se obtiene es en forma de conocimientos. Pero creo necesario que el practicante no tenga que pagar. Pagar por trabajar es algo que entristece, que rebana la motivación y que es injusto; y es que cuando uno paga 18 ó 20 créditos de prácticas de carrera, podemos estar hablando de 200 ó 300€ fácilmente. Eso en mi época, será más ahora con el regalo del PP de subir las tasas universitarias. En este sentido, creo que el coste de la matrícula de las prácticas debería ser o simbólico o nulo. Creo que la universidad española está haciendo en este aspecto algo moralmente nefando e indecoroso.

Pasemos a las becas de trabajo, becas extracurriculares, becas en empresa, etc.becario1 Hemos llegado al punto en que las becas se conciben como puestos de trabajo mini. He llegado a ver “Beca para recepción”, en la página de empleo precario primerempleo.com. ¿En serio? ¿Cuánto puede ser el período de adaptación/aprendizaje de un controlador de acceso? ¿De verdad necesitas hacer convenio con la universidad del pobre diablo para ello? ¿Hay beca para repartidor de prensa?

Es precisamente este abuso lo que me ha llevado a pensar que las becas de trabajo deberían ser desde la universidad u organismo que las convenie prescriptivamente breves, no más de 6 meses. O menos. Para ver si el trabajador merece la pena, es tiempo más que suficiente. Pongo un ejemplo de por qué. Yo estuve en una pyme de 12 empleados en la que casi el 50% eran becarios. El empresario, muy sufrido él, prometía que si la cosa iba bien contrataría. Pero, claro, como él mismo decía, el precio del empleado se triplica como poco al pasarlo de becario a persona. Quiero decir, a trabajador con contrato. Así pues fue pidiendo prórrogas del convenio a todo becario que tenía a la vista. Al final decidí irme, porque quería el buen hombre prorrogar otra vez el convenio. Aun cuando la empresa no estaba teniendo pérdidas, había adquirido nuevo mobiliario y equipos audiovisuales caros, hecho viajes a otro continente y contratado (no beca) otras personas. Esta persona no es ningún santo, pero tampoco un empresario que abra una fábrica textil en Bangladesh. Si uno se pregunta por qué los políticos españoles roban tanto, la primera respuesta es porque pueden. Hace falta regulación en las becas y protección al becario. Podemos acusar del atropello en cuanto a derechos laborales que sufrimos los becarios al empresario despiadado, pero también al vacío legal-administrativo que rodea la beca. Y es que el empresario tiene que resistir la tentación para no subemplear esta mano de obra regalada.

Tristemente, con los tijeretazos de los gobiernos de PSOE-PP se ha abaratado la mano de obra española en general, y en particular se ha potenciado la figura del becario y otras formas de empleo precario. Y digo se ha potenciado porque estas ofertas crecen hasta el punto de que un chavalín imberbe como yo, que se encuentra en la franja de edad más castigada por el desempleo, tenga la sensación de que las bolsas de empleo sólo paren becas.  Pareciera que infinitud de empresarios han decidido subirse al carro del beca.

En esta línea, ha llegado a mis oídos el llamado truco de la UNED. Es algo habitual leer en ofertas algo así como abstenerse aquéllos que no puedan firmar convenio con universidad. Pues bien, el truco de la UNED consiste en matricularse de una única asignatura en esta universidad online y, así, ya poder establecer convenio. ¿Futuro laboral, decías?

La campaña No más Becas por Trabajo, impulsada por Oficina Precaria, cuenta el trasfondo de esto de una manera bastante más sistemática que yo. Os dejo el vídeo de las implicaciones de ser becario:

Dad una palmadita en la espada y unas palabras cálidas de comprensión la próxima vez que os crucéis con un becario.

Esta curiosa situación política cada vez me fascina más. Cada día se me asemeja más a los dos minutos de odio que describía George Orwell en 1984. Me da la impresión que más que una concienciación con la cosa pública, ocurre en la democracia bipartita que más conozco (someramente, no soy, ni por asomo, un politólogo), la que se da en España, una suerte de sentimiento de pertenencia un tanto malvado, o en el peor de los casos un sistema de interacciones revanchistas que da mucho que hablar, y ayuda a la gente a ocupar su tiempo. Da mucho juego la enemistad de rojos y fachas, demócratas y republicanos, laboristas y conservadores, etc.

A lo que a esta zona geopolítica refiere (España), no voy a entrar en consideración de lo bueno, lo bello, o lo justo de meter en el mismo saco una democracia y una monarquía, o si en verdad, desde el punto de vista de lo abstracto y lo teórico, ambas estructuras de poder son compatibles; aunque lo dejo caer.

Dicho lo anterior que no tenía nada que ver pero que me apetecía soltarlo y no tenía cómo, creo que cuando se ha llegado al bipartidismo a uno empiezan a salirle muchas dioptrías, y cada vez ve menos. Me parece increíblemente significativo escuchar el discurso de la gente. Seguramente, más de uno haya oído la expresión del tipo “yo soy del <partido x>”. Me parece sorprendente que se haga así, al menos en conversaciones serias, puesto que creo yo que sería más apropiado “yo he votado al <partido x>”. Esto me hace pensar que la actuación política de nosotros la gente de a pie, en ocasiones, se ve reducida a un mero posicionamiento, sin cuestionamiento alguno. Pareciera a mis oídos como que es una adhesión inamovible, bastante lejos de la crítica, y, por otro lado de la introspección también, como si (la comparación es injusta, lo sé) se dijera yo soy del Real Madrid. Y esto que en el fútbol es sano y requisito de su competición deportiva, en la Política no parece igual de sano. Me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Lo que quiero decir es que esta inclusión en un grupo para dotar de sentido a la vida pública, hecha de manera tan superficial, y de manera bipartidista da lugar a definirse políticamente por oposición a otro partido, y en grado alto, a la sistemática denostación del partido político enemigo. Lo cual, si lo pensamos, no parece excesivamente adaptativo, ni democrático.

El bipartidismo da lugar a situaciones curiosas. He contrastado el hecho en más de una ocasión (sin llegar a los cánones del positivismo, lamentablemente) de que si me meto o critico algo del <partido x>, se me posiciona automáticamente como del <partido y>, y el posicionamiento suele ir acompañado de un contraataque dirigido a infravalorar al <partido y> al que yo, supuestamente, pertenezco.

Y este comportamiento tiene su reflejo, seguramente, en políticos de ambos partidos que son rétores demagogos. Puede pensarse en Leire Pajín o González Pons, por poner un ejemplo de ambos partidos bipartidistas.

Para obedecer un poco al título de la entrada, ¿cuáles pienso yo que son los peligros de una democracia bipartita como la que tenemos en España? El principal es la ignorancia. Si defendemos sin importar qué a nuestro partido, mediante un contraataque dirigido al partido rival, pues bien, los primeros que se ven afectados son los partidos, que no mejorarán su actuación política, y por el contrario, fomentarán ese bipartidismo con declaraciones dirigidas a lo emocional de incluirse en un partido, ya que, el bipartidismo les viene como anillo al dedo para mantener sus privilegios como clase política y para evitar que otros partidos, minoritarios, tengan relevancia real en la Política. De cara a los electores, es lo más sencillo, supongo. Yo me meto aquí, que estoy a gusto ya que está en concordancia con lo que piensa mi familia, lo que veo en mis colegas, etc., y ya está, para qué voy a indagar un poco en la historia del partido o en las motivaciones que motivan su agenda política.