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Lazo RosaEl 19 de octubre es el día internacional del cáncer de mama. En el popular sistema de mensajería WhatsApp hemos podido ver una especie de campaña consistente en cambiarse la foto del perfil a un lacito rosa o, en su defecto, incluir en el estado un emoji de lacito rosa. Este evento ha tenido tal propagación que ha repercutido en la prensa más tradicional.

Ahora bien, ¿por qué todo esto? Apoyar la lucha contra el cáncer de mama es, sin lugar a dudas, una batalla con toda la legitimidad posible. Pero, ¿en qué medida acciones como éstas ayudan a combatir el cáncer?

WhatsApp es, o eso nos dicen, un sistema más o menos cerrado de telecomunicaciones. Esto quiere decir que no es como en Twitter, en donde es más sencillo hacer un cálculo del número de personas (de cuentas) que han publicado determinados hashtags. Por lo tanto, no es fácil saber cuántos  secundan la campaña del lazo rosa.

Además, nada sabemos acerca de qué ocurriría si esa campaña consiguiera un número importante de personas que pusieran el lazo en la foto de perfil. ¿Quizá fuera a hacer que el Gobierno quitara la mortaja del campo de la Investigación? ¿A lo mejor algún magnate haría una donación en vista del apoyo popular? ¿Es posible que persigan formalizar una petición ante alguna institución, tipo Iniciativa Legislativa Popular?

Pues parece que no. Ponerse el lazo es meramente para solidarizarte, para mostrar tu apoyo a la lucha contra el cáncer y a las personas que lo padecen o han padecido.

Quizá ahora venga una aquejada de esta horrible enfermedad y me diga que le da fuerzas para continuar ver el ingente número de usuarios de WhatsApp que cambian su foto por un lazo rosa. No obstante, si nos aventuramos a afirmar que la acción de solidaridad va quedarse en eso, en una foto, y que es difícil por las características del canal (WhatsApp es cerrado) que llegue a enfermos, investigadores y familiares de una manera conjunta, en la campaña del lacito rosa empiezan a verse ciertas fallas.

Creo que en este fenómeno tan viral, y en otros similares que han ocurrido en España recientemente, más que un homenaje a los afectados, es un homenaje a uno mismo.

Desconozco cuántas personas de las que han puesto el lacito se han parado a buscar cómo ayudar, de manera efectiva, a la lucha contra el cáncer. Me pregunto si sabrán que se pueden comprar unas gafas por 6€, lo cual ayudaría bastante más que una foto de perfil en WhatsApp.

Con el lacito nos obsequiamos con una porción de «eres buena persona» y, además, lo proclamamos ante nuestros contactos. ¡Que se note lo solidario/a con el cáncer de mama que somos! ¿Qué ocurre en la mente de los que no han secundado esta campaña? ¿Son procancerígenos, quizá?

Desde mi punto de vista, éste es un comportamiento irreflexivo en el que las consecuencias psicológicas de adoptarlo son muy positivas: «soy buena persona y me solidarizo como el que más»; a la par que no supone el más mínimo esfuerzo para la persona que se une a la campaña. Y encima queda uno cojonudamente, porque en este tipo de fenómenos considero muy importante el encajar en un grupo imaginario llamado la gente.

No puedo evitar comparar este tipo de brindis al sol grupal, si me permitís la expresión, con uno de los factores que considero clave para explicar el éxito del fútbol como fenómeno social. En el fútbol un aficionado puede ganar una Copa, una Liga o un Mundial sentado en el sofá de su casa o en el bar con unos amigos. ¡Un logro tan grande sin esfuerzo para uno! Obtiene un beneficio psicológico enorme sólo por mantenerse fiel a su equipo, por solidarizarse con él.

Creo que esto del lacito, si no va más allá, es un ejemplo de ser solidario desde el sofá. Es como decir que eres un ciudadano solidario y comprometido sólo porque firmas peticiones en Avaaz y Change.org. A lo que hay que añadirle, en este caso, el presumir y aparentar de hacerlo público con la foto del WhatsApp.

Me preguntó si estas muestras de apoyo existirían o tendrían igual magnitud si fuera otra enfermedad, otra con menor aparición en la televisión, u otra que no contara personas famosas entre quienes han tenido el infortunio de padecerla. ¿Para cuándo el lacito para, yo qué sé, la disentería? ¿Para cuándo un lazo en WhatsApp para enfermedades olvidadas en Occidente que causan masacres en países empobrecidos?

Con motivo del horrible descarrilamiento del tren de Santiago de Compostela en julio de 2013 hubo también campañas que tienen puntos en común con este ser solidario desde el sofá. Se hizo un llamamiento general a la población, tanto en Twitter como en WhatsApp (y, seguramente, en otras redes sociales), a participar en un minuto de silencio por las víctimas. Cito textualmente un mensaje recibido por WhatsApp sobre el homenaje:

Hoy dia 25-07-2013 a las 20:45 hagamos durante un minuto no hablar x wassap x las victimas de santiago, para recordar todos los fallecidos del accidente ferroviario (tres emojis de un tren). Pasadlo a todos tus contactos. Recordar 20:45 un minuto sin enviar nada x wassap. En memoria de los fallecidos. (Tres emojis de ramos de flores)”

En ambos canales hubo presión grupal para sumarse al homenaje y, sobre todo en Twitter, cierto escarnio con aquéllos que no cumplieron el minuto de silencio. ¿No os resulta esto parecido al caso de ser mala persona si no le das un Me Gusta a los pobrecitos niños de algún desastre?

¿En qué medida ese minuto de silencio va a hacer que los responsables de tener una infraestructura ferroviaria con menor seguridad de la debida asuman responsabilidades? ¿En qué medida va a llegar ese apoyo a las víctimas? En el caso de Twitter, es factible que llegue, pero ¿en el caso de WhatsApp?

¿En qué medida no se está reproduciendo de manera irreflexiva con el lacito rosa un homenaje a uno mismo anunciando a los demás lo supuestamente solidario que es uno? ¿Es el lacito rosa el enésimo caso del aparentar en las redes sociales?

Por supuesto, las ceremonias y homenajes tienen su valor para la cohesión de la sociedad y la vida en armonía, pero, como siempre, llamar al escepticismo en cualesquiera comportamientos grupales que se reproduzcan sin crítica tiene todavía más valor.

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