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Cada poco tiempo, en el mundo de la empresa, especialmente el de aquel terreno difuso y movedizo de la Consultoría, surgen modas. Estas modas las crean grandes empresas proveedoras de tecnología, think tanks o entidades poderosas, grupos de opinión, etc. Luego, cada líder o empresario que se precie debe repetirlas para no quedarse fuera. Se las crea o no.

Hablo del emprendimiento, el 2.0, la gamificación… Hoy desempolvo este descuidado blog para escribir unas reflexiones sobre una de estas modas: la responsabilidad social corporativa.

La manera típica de definir este concepto es con este motto: La empresa equis ha obtenido beneficio de la sociedad, así que, ¿por qué no va a revertir parte de ese beneficio en la sociedad? En el plano teórico esto es maravilloso, como muchos de estos conceptos bonitos que se ponen de moda en sectores como consultoría, márketing, publicidad, etc. Pero en el terreno de lo práctico he visto cosas algo alejadas de este ideal.

Como es el concepto de moda, de pronto brota toda una hueste de cantamañanas con títulos como advisors, consultants y formadores de responsabilidad social corporativa (RSC, a partir de ahora). Y, por supuesto, multitud de empresas de formación de calidad dudosa tardan lo mismo que el batir de alas de un colibrí en lanzar al mercado cursos de formación sobre esto (si es solo para líderes o directivos, mejor). De igual modo que tenemos cursos y másteres en emprendimiento, en sea usted creativo, y,  en gamificación, tenemos también cursos sobre cómo ser solidario desde la empresa con RSC.

El subirse al carro es algo fundamental en este tipo de actividades empresariales. Aunque no solo en estos sectores. Empresas más tradicionales, como la macro constructora FCC elabora informes de RSC. Curioso, ¿no? A una empresa que está salpicada por los papeles de Bárcenas se le llena la boca con la RSC mientras se dice que hace el habitual contubernio con las adjudicaciones, pliegos, donativos y tráficos de influencias.

Y es a eso lo que me refiero. Puedes hacer un curso sobre Gamification y que no está para nada gamificado en su funcionamiento, como es el -a pesar de eso- buen curso de Coursera al respecto. También puedes elaborar en tu empresa informes de RSC cuando has seguido el modelo del pelotazo del ladrillo y las concesiones.

Pongo más ejemplos. Y, aunque ahora no los referencio, son ejemplos de empresas reales que han llegado a mis oídos. Puedes impartir un máster universitario sobre RSC, y al mismo tiempo, te sirves del SEPE para coger gente con el pretexto de impartirles un curso, ponerles a currar unos meses mientras dura el curso (sin retribución), y cuando se acaba la formación, contratarles (ya que el SEPE obliga) por poco más del salario mínimo. Imaginemos que el ideólogo de esta trampa luego acaba siendo coach para directivos. Otro ejemplo: puedes vender cursos de habilidades de emprendimiento, de RSC a otros, y luego tener la propia empresa llena de becarios que acceden mediante un curso (para hacer convenio) que tienen que poner de su bolsillo.

Por eso, cada vez que leo RSC me entran ganas de poner a estos empresaurios a currar en las mismas condiciones que tienen a sus empleados y que, ahora sí, sigan promocionando la RSC. Si bien también he visto ejemplos honrosos de ello, activo todas las alarmas cuando veo a alguien que va vendiendo RSC por ahí.

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Los cursos financiados por el Gobierno de España, y creo que también los que vienen pagados con fondos europeos, tienen como requisito incluir un módulo de emprendimiento -que suelen meter al final del temario con calzador-. En éstos aparecen los contenidos básicos de la creación de una empresa: Actitud y valores del emprendedor, plan de empresa, estudios de mercado, análisis de la idea de producto, etc. Vamos, lo típico, ¿no?

En un curso financiado por la Fundación Tripartita que hice, el encargado de dar la obligada materia de emprendimiento nos entregó un artículo buenísimo sobre emprendimiento de la Revista IESE, que podéis leer íntegro aquí.

Me sirvo de este artículo, que considero un fiel y sintético reflejo del discurso sobre el emprendimiento que tanto oímos estos días, para plantear una pequeña reflexión y relacionarlo con otros contextos más o menos afines.

“El Emprendedor no nace, se hace”

El debate innato vs. aprendido con el que comienza el artículo, y que ya podíamos ver en el choque racionalismo vs. empirismo de hace siglos tiene gran peso en nuestras sociedades y baña multitud de inquietudes humanas. ¿Son las habilidades musical o matemática innatas? ¿Cuánto es innato y cuándo aprendido en el ser humano? Para el lector que venga de las Ciencias Sociales esto habrá sido un tema recurrente, aplicado a distintos campos, en su formación. Pues, bueno, el emprendimiento está sujeto también a este debate. He dudado a la hora de escribir debate. Aunque algunos añaden la coletilla ecléctica de que hay predisposiciones innatas, o en el otro polo, que influye mucho el contexto social, se me antoja que se tiende a afirmar que tiene más peso la experiencia y el aprendizaje que el componente innato.

Algo que se extrae con frecuencia de estos debates es que todo el mundo puede ser emprendedor, si se lo propone seriamente.

“Comportamientos concretos que impulsen la creatividad”

El debate innato-aprendido lo he visto también en un concepto que intencionadamente quiero relacionar con el emprendimiento: la creatividad. ¿Por qué la creatividad y no la inteligencia u otra cosa? Porque parece que ser emprendedor va ligado a tener ideas buenas, rompedoras, que innoven. Por lo tanto, parece que para ser emprendedor hay que ser creativo. Como digo, en la creatividad hay también un debate de si ésta se cultiva o se nace con ella. Es que siempre ha tenido mucha imaginación. Probablemente la mente del niño tenga grandes capacidades creativas, y es la fuerza y la disciplina de la escolarización y de la asimilación de normas sociales la que la va mermando.

“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.” (Atribuido a Einstein)

Me da la sensación de que, cuando se habla de las características que tiene/ha de tener un emprendedor, se puede sustituir la palabra por “persona creativa” y la frase sigue teniendo sentido semántico. Podemos hacer la prueba en el artículo de IESE. Algunos teóricos de la creatividad, aunque pudiera parecer lo contrario, afirman que la creatividad es una habilidad que se puede trabajar. ¡Euréka! Hablo de la libre asociación de ideas, de probar posibles combinaciones, de imaginar escenarios. En definitiva, hay alguna que otra similitud en el trasfondo de ambos conceptos.

La creatividad últimamente la veo (o esa sensación me da) en boca de muchos. Si accedemos a Coursera, un enorme y popular gestor de formación online superior gratuita y abierta, hay algún que otro curso que habla de creatividad en el mismo título. Quizá el curso más saliente en la línea que vengo escribiendo sea Developing Innovative Ideas for New Companies: The 1st Step in Entrepreneurship (Desarrollando ideas innovadoras para las nuevas empresas: El primer paso en el Emprendimiento). No sé si de moda pero es algo con importante demanda social, al igual que el emprendimiento.

“La formación es fundamental”

Si lo pensamos, que el ganador del debate innato vs. aprendido sea, o parezca ser, lo aprendido tiene consecuencias positivas para el sector de la formación. Ya que puedo aprender a ser emprendedor -muchos expertos lo dicen-, vamos a ver dónde me pueden formar mejor para ello. El título del artículo de IESE es “Claves para despertar el emprendedor que hay en ti“. ¿Es como la calvicie, que está en ti y llegado un punto en la vida despierta? ¿Es que está la semilla en ti y la cultivas? En cualquier caso, el artículo abre con un debate y finaliza, de una manera un tanto tendenciosa, con un epígrafe titulado “La formación es fundamental”. El debate estaba decidido antes de empezarlo.

Muy en la línea de la formación, el aprendizaje para toda la vida o longlife learning es una tendencia que empezó a resonar en macro-instituciones como la UNESCO (página 84 en adelante). Por otro lado, en esta página de la Unión Europea que muestra la legislación, actas, comunicaciones y demás, se recoge que “la Educación debe desarrollar la conciencia de emprendimiento desde una edad temprana“. Y desde el ámbito de la Educación formal y de la producción de literatura académica hay gran cantidad de publicaciones que tratan el emprendimiento. Esta misma página concibe el emprendimiento como una competencia clave para el aprendizaje para toda la vida. A nivel estatal también ha calado este concepto. Con motivo de los cambios recientes en los certificados de profesionalidad, el BOE del 21 de marzo de 2013 afirma en la misma introducción que estas acciones formativas favorecen “el aprendizaje a lo largo de toda la vida de la población activa”.

Aprender a lo largo de la vida es algo que, de un modo u otro, se da, sin necesidad de que baje nadie a ponerlo de moda. Quiero llamar al escepticismo sobre este concepto, parafraseando a Luis Alonso Enrique, diciendo que la formación para toda la vida es otro filtro a los trabajadores, que excluye de las partes más bonitas del sistema a aquéllos que no tienen la oportunidad de apuntarse constantemente a cursos, obtener certificados, etc.

Emprendimiento, aprendizaje para toda la vida, creatividad, u otros como sociedad del conocimiento, nativo digital. Son términos rimbombantes que se ponen de moda obedeciendo a una agenda político-económica o una veta importante de hacer negocio. De manera similar a los términos liderazgo 2.0, coaching o e-learning.

Este artículo de la revista IESE me ha parecido que tiene una retórica similar a los muchos artículos pseudoacadémicos que presentan las grandes ventajas de la pizarra digital, la realidad aumentada, la <tecnología o práctica de moda>, etc. Si es que, en definitiva, muchas veces hay que montarse en el carro para ganarse el pan, ¿no?

Herbalife, ¿estafa?

Publicado: junio 2, 2013 en Trabajo
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Esta entrada es una experiencia más y una opinión personal sobre el notorio trabajo de comercial o “distribuidor” que oferta Herbalife. Se ha dicho sobre ellos que estafan a este tipo de trabajadores. Buscad en Google “Herbalife estafa”. He leído también críticas a sus productos, pero pasemos al tema de sus trabajadores. Esta posible estafa consiste, por lo que yo he entendido, en que el comercial compra primero los productos de Herbalife, de su bolsillo, y luego los vende. Herbalife cobraría una comisión y en caso de pérdidas, bueno, parece que el que se lo come es el comercial.

Dicho esto, recibo en mi teléfono una llamada para una entrevista en la calle Orense, 10, para Herbalife. Me resulta sorprendente, chocante, que la persona me pide permiso para hacerme unas preguntas en primer lugar y lo que pregunta es si ya conocía Herbalife. A mí me gustan bastante poco los deportes televisados y no había reparado nunca en los sponsors de Herbalife. Me sonaba el nombre y ya. Así que respondo, sin estar yo mismo demasiado seguro, que me suena de haberlo visto en tiendas o anuncios. Ahora ya sabiendo todo esto me pregunto si estos entrevistadores de verdad esperan que alguien les responda: “Sí, bueno, he buscado en Google la empresa y aparece gente quejándose de que es una estafa”. Otra cosa que me parece extraña es la tremenda insistencia de esta persona en acudir a la entrevista “formal” y “con zapatos”. Colgamos. Me pongo a buscar en mis habituales bolsas de empleo la oferta, pero no la consigo encontrar. Son tantas ofertas y tantas páginas de búsqueda de empleo que no  recuerdo haberme inscrito. En algunas páginas, como InfoJobs, las empresas pueden navegar por los demandantes de empleo, si se tiene así configurado el perfil. Quizás me hayan encontrado así. La curiosidad, y el convencimiento de que todas las entrevistas sirven para aprender, hacen que resuelva ir a la entrevista, aun después de haber leído las críticas, y pese a no saber muy bien cómo han dado conmigo.

Llego puntual a la cita y al entrar en el portal advierto a dos porteros, con un pin en el cuello del traje donde se lee I love Herbalife. Me preguntan si vengo por la entrevista, y me piden que espere, que están montando la sala. Espero. Conmigo empiezan a hacer cola también los otros citados. Gente de todo tipo. Desde los veintipico años a los cincuenta. Al entrar, como han dicho otros, nos reciben muchos recepcionistas agitados pero sonrientes que saludan cordialísimamente con un buen apretón de manos. Somos una treintena o por ahí los que hemos venido. Nos hacen esperar hasta ser llamados por quien nos llamó por teléfono. Llegado el momento, aparece el que se encarga de mí y me invita a sentarme y esperar en una sala grande, de audiencias, donde hay un proyector, una tarima y un atril. Van llenándose los asientos. A ambos lados de la tarima donde habla el ponente, y como custodiando el lienzo del proyector, una bandera de España y otra de EEUU. En un lateral, un póster enorme de Messi luciendo el logo de Herbalife y junto a él, el de un baloncestista que no sé quién es. Veo también una mesita y estanterías en ambos extremos de la habitación con productos y folletos de Herbalife.

Mientras van acomodando a la gente, el portátil conectado al proyector reproduce varios vídeos con música marchosa en la que salen personalidades del deporte internacional haciendo gala de Herbalife. Futbolistas haciendo impresionantes chilenas a cámara lenta, Beckham luciéndose, Messi superándose a sí mismo. Desafío tras desafío. En Europa, en América, en Asia. Son varios vídeos relativamente cortos que dan cuenta del alcance y éxito mundial de esta empresa. La música me recuerda a esos anuncios de campeonatos de fútbol (ésos que suelen terminar con un patrocinio de MasterCard) que tienen música épica como si fuera una batalla de película de acción hollywoodiense.

El siguiente paso, tras una ligera espera, es rellenar una ficha, no más de un folio, con nuestros datos personales. Nada excesivamente invasivo: nombre, apellidos, dirección, teléfono, nivel académico, idiomas, banda salarial, etc. Tras ello sube y se presenta la ponente principal, que nos cuenta con un PowerPoint los principales aspectos de Herbalife: su historia, grandes personalidades que están en la empresa, sus productos, etc. Explica de manera rápida el sistema de cobro que seguiría el empleado y menciona que como requisito para trabajar el comercial tiene que solicitar al Estado que le expida una “licencia de distribuidor” que sale por 120 ó 130€, si la memoria no me falla. Salvo esto, en ningún momento se ha dicho explícitamente que hay que hacer un desembolso de dinero propio para trabajar, para comprar los productos a vender. Igual eso queda para la entrevista personal posterior, o para el curso de formación que creo se imparte al día siguiente. No lo sabré.

Como esperaba tras haber leído las crónicas en Internet de otras personas, la ponente da, al final de su exposición, la palabra a los trabajadores más recientes de la empresa, entre ellos, el que me citó a mí para la entrevista. Cada una de estas personas va contando su testimonio, luego les aplaudimos en cuanto terminan  y dan paso al siguiente. A lo mejor pasan ante nosotros algo más de diez personas. Los testimonios siguen más o menos una estructura similar: 1) Mi vida antes tenía un problema equis (sobrepeso, ansiedad, poca masa muscular, fatiga); 2) Conozco Herbalife; 3) Mi salud/calidad de vida mejora; 4) Estoy tan encantado que paso a trabajar para Herbalife vendiendo sus productos, trabajando a mi ritmo y facturo al mes tantos euros (si mal no recuerdo, los rangos de ganancias al mes iban de los 500 ó 600 hasta 8000€ el último ponente, quien, además, me dio la sensación de que era un peso pesado dentro de la oficina). Caigo en la cuenta de que estas personas son también muy dispares. Imagino que igual que la audiencia. Gente del malogrado sector de la construcción, mecánicos, universitarios, funcionarios, etc. También de manera similar a la audiencia, hay gente de todas las edades, colores, vendedores, etc. Ponen de relieve que el trabajo es flexibilísimo (de ahí la disparidad de ingresos): te vale si tienes un niño que cuidar, si tienes que estudiar, si tienes otro trabajo, si quieres trabajar a tiempo completo. De todo. Algunos portan fotografías impresas que muestran la mejoría física a raíz de tomar Herbalife. Por lo que puedo apreciar –soy algo miope–, parecen ser honestos con las fotos y no ponen a otra persona que se le parezca. No puedo evitar advertir que la ponente principal, que ahora permanece en silencio, dominando desde el atril toda la estancia, pareciera juzgar con la mirada a los que van contando su testimonio. Igual es su jefa.

Ya ha pasado poco más de una hora. Ahora nos piden que esperemos y la persona que nos citó nos llamará enseguida para una entrevista individual. Llega mi turno y la persona en cuestión me lleva a una habitación con muchas mesas, en las que están entrevistando otras personas, y me invita a sentarme. En una mesa sencillita, y con un trato bastante cercano, me pregunta acerca de mis impresiones. Le hago saber que no me convence y sin dejar de sonreír me entrega su tarjeta y me despide con otro buen apretón de manos. Para casita.

Me dio la sensación de que habían pulido este procedimiento hasta la perfección, utilizando con soltura técnicas que los psicólogos sociales han identificado para que la persuasión sea más efectiva. En varios puntos de la entrevista, intentaron que percibiéramos como similares a los trabajadores de Herbalife. Como si pudieran ser perfectamente uno de nosotros. ¿Para qué? Si yo te considero parecido a mí, me voy a creer más lo que me digas que si me lo cuenta alguien que me produce indiferencia o rechazo. También me puede caer mejor alguien de mi equipo que el de otra zona. A mí me recibió un chaval de mi edad, apuesto y caucásico, pero me dio la sensación que a los compañeros sudamericanos los acomodaba una mujer sudamericana guapa y arreglada. Las personas que dieron su testimonio parecían personas «normales» y ésa era la impresión que querían transmitir.

Si asociamos algo que consideramos positivo, a algo que ni fu ni fa, o a algo negativo, se puede lograr que se le pegue algo de positivo. Por ello había un póster enorme de Messi, jugador de la más alta élite. Por ello, salían Beckham y demás grandes deportistas en los épicos vídeos. En línea muy similar con esto, si yo te digo que han descubierto un nuevo planeta orbitando en el Sistema Solar tiene bastante menos credibilidad e influencia que si lo ves publicado por el equipo de investigación de la NASA. Si la fuente tiene fama y prestigio de credibilidad, casi tiene todo el trabajo hecho. Quizá en conocimiento de este mecanismo, la ponente hizo hincapié en que en Herbalife han estado o están premios Nobel, exconsejeros de Obama y Clinton, y demás gente muy lista. En ninguna entrevista me había encontrado con que una empresa necesite cuarenta y cinco minutos de propaganda para decirme lo gloriosa que es antes de ponerse a hablar de las condiciones del trabajo.

En definitiva, mi opinión es que esto no es trigo limpio y tiene cierto aire sectario-religionario.